Y esta es mi historia,
Señor, la sufrí de chiquita y todavía la sigo padeciendo. ¿Qué se le va a
hacer? ¿No dicen que unos nacen pa´ estrellas y otros estrellados? Bueh... yo,
ya ve: que nací pa´ lo segundo.
Es raro ver como algunas
están destinadas al éxito, al glamour o al estrellato mientras a mí, me toca
tener que limpiar los canzoncillos sucios de este mugriento que lo único que
hace es comer, cagar y dormir. Aunque, al decir verda, la última de las
acciones de la “c” se la viene olvidando por el cansancio del mismo cansancio.
Porque antes por lo menos se escuda con que tenía que ir a laburar pero ahora
ni eso hace. Con ese cuentito de la cuarentena por el coronavirus, no se mueve
de acá “el Juan”.
Pero a mí con eso no me
jodan. Podrán convencer a Juan pero a mí no querida. A mí que no me quieran
vender ganso por libre. Si todos sabemos que esta nombrada pandemia fue hecha
por los medios de comunicación y las empresas para que cuando mi Juan y todos
los boludos vuelvan a trabajar lo hagan por chaucha y palitos. O como diría mi
vieja: “por el sanguche y la coca, van estos negros”.
Bueno, volviendo a Juan, es
infumable el gordo. Lo amo, lo quiero, todo, pero ¿todo el día señor Presidente?
Un rato está bien. No es muy grande la casa como para que quepamos los dos
juntos.
Encima está Oscarcito. Que
cada día se vuelve un martirio. El nene está en la edad que pregunta todo. Todo.
Sí, pregunta todo:
-¿Qué es eso? ¿Qué pasó
allá? ¿Por qué pasó esto? ¿Y por qué no puedo salir? ¿Cómo sabemos que están
todos bien?- pregunta Oscar en cualquier momento del día, a toda hora y una de atrás
de la otra. Para colmo, no controla bien los volúmenes de la voz. Por la
mañana, bien temprano, te despierta con un grito ensordecedor aunque, por la
tarde, trate de comunicarse a los susurros desde una punta de la casa a la
otra. Obvio que no es grande, pero tampoco para entendernos a los susurros.
En fin, Juan, Oscarcito y yo
es una muchedumbre para que seamos tantos en esta hermosa casa, donde lo que
sobra es corazón, pero lo que falta es espacio.
Decime vos cómo hago para
tener todo limpio y ordenado, si me paso los días atrás del nene juntando todo
el desastre que él deja. Para peor, Juan no da una mano con nada. Si un día se
le prende la lamparita y cocina, ya es mucho. Quizás otro día te ayuda lavando
los platos pero no esperes más de eso de mi bello Juan.
Nadie me ayuda. Pero, aún
así me las arreglo. Tampoco quiero meterme en la onda que le pinta a las
mujeres por separarse en cuarentena. Ya pasaron más de 60 días, pero aún así,
al gordo lo amo. No podría dejarlo y, menos ahora en Cuarentena.
¡¿Qué clase de vil corazón
abandona a alguien en medio de una Cuarentena?! Donde la angustia, la tristeza,
el estrés, la desazón, la desesperanza, la ansiedad y la sensibilidad son
moneda corriente ¿Qué diría Oscarsito si se enterara que su madre se quiere
separar? De seguro, terminaré siendo la mala, pero prefiero ser la mala, cuando
volvamos a la rutina que ahora en medio de una Pandemia.
…..
¿Qué raro, no? Pensar
que hace un año estaba así. Por suerte,
ya me saqué de encima el cargo de esa casa. “Esa era mi vida”- repetía en voz
alta. Eso pensaba cuando me tomaba unos minutos para relajarme cuando me daba
un buen baño o simplemente me quedaba mirando al espejo para corregir las
imperfecciones de mi rostro con cremas y más productos estéticos.
Hoy, vivo con mi vieja. Ya
los dejé a ellos. Cada tanto lo veo a Oscarcito. Los primeros meses fueron
difíciles. Juan no quería ni que lo viera ni me lo permitía hacer. Me había
puesto una perimetral argumentando que yo era una violenta. ¿Adivinen a quien
le creyeron? Y si, a él. Porque es hombre. A InJusticia Argentina es así ¿Qué
le vamos a hacer?
En fin, ahora lo veo mucho a
Oscarcito y eso me hace feliz. Lo que me entristece, es que sigo sirviendo. Ya
no a mi hijo pero si a mi vieja. No será tan pesada como ellos pero bueno. Mi
madre es bastante grande y necesita sus cuidados. Lo bueno es que ahora lo hago
porque quiero.
Por lo menos tengo mucho más
tiempo para mi, lo que me permitió volver a leer. Ahora las palabras que uso me gustan mucho. Me
“culturalicé”, como quien dice.
Oscarcito al menos tiene a
su padre. Y Juan…Juan es un boludo grande que tiene que asumir la edad que
tiene. Mirá, que su mamá me advirtió que era medio pelotudo, pero yo pensaba
que me lo decía porque no me aceptaba, no me quería. Nada que ver. Me advertía.
Parece que más boluda que él, era yo. Sí, la boluda era yo.
Pero, realmente, si me
preguntan: “¿Que es lo que más deseas?” Yo respondería que lo que más quiero es
que me sirvan. Ya me cansé de limpiar y hacer por otros. Quiero que otros lo
hagan por mí.
Y, ¿me preguntás dónde
estoy? La respuesta no te sorprenderá. Dandome un plácido baño mientras tomo
una copa de vino y descanso después de largo día de trabajo atendiendo a mi
madre pensando: ¿Por qué nadie me atiende a mi?
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