lunes, 18 de mayo de 2020

QUIERO QUE ME ATIENDAN


Y esta es mi historia, Señor, la sufrí de chiquita y todavía la sigo padeciendo. ¿Qué se le va a hacer? ¿No dicen que unos nacen pa´ estrellas y otros estrellados? Bueh... yo, ya ve: que nací pa´ lo segundo.

Es raro ver como algunas están destinadas al éxito, al glamour o al estrellato mientras a mí, me toca tener que limpiar los canzoncillos sucios de este mugriento que lo único que hace es comer, cagar y dormir. Aunque, al decir verda, la última de las acciones de la “c” se la viene olvidando por el cansancio del mismo cansancio. Porque antes por lo menos se escuda con que tenía que ir a laburar pero ahora ni eso hace. Con ese cuentito de la cuarentena por el coronavirus, no se mueve de acá “el Juan”.

Pero a mí con eso no me jodan. Podrán convencer a Juan pero a mí no querida. A mí que no me quieran vender ganso por libre. Si todos sabemos que esta nombrada pandemia fue hecha por los medios de comunicación y las empresas para que cuando mi Juan y todos los boludos vuelvan a trabajar lo hagan por chaucha y palitos. O como diría mi vieja: “por el sanguche y la coca, van estos negros”.

Bueno, volviendo a Juan, es infumable el gordo. Lo amo, lo quiero, todo, pero ¿todo el día señor Presidente? Un rato está bien. No es muy grande la casa como para que quepamos los dos juntos.

Encima está Oscarcito. Que cada día se vuelve un martirio. El nene está en la edad que pregunta todo. Todo. Sí, pregunta todo:

-¿Qué es eso? ¿Qué pasó allá? ¿Por qué pasó esto? ¿Y por qué no puedo salir? ¿Cómo sabemos que están todos bien?- pregunta Oscar en cualquier momento del día, a toda hora y una de atrás de la otra. Para colmo, no controla bien los volúmenes de la voz. Por la mañana, bien temprano, te despierta con un grito ensordecedor aunque, por la tarde, trate de comunicarse a los susurros desde una punta de la casa a la otra. Obvio que no es grande, pero tampoco para entendernos a los susurros.

En fin, Juan, Oscarcito y yo es una muchedumbre para que seamos tantos en esta hermosa casa, donde lo que sobra es corazón, pero lo que falta es espacio.

Decime vos cómo hago para tener todo limpio y ordenado, si me paso los días atrás del nene juntando todo el desastre que él deja. Para peor, Juan no da una mano con nada. Si un día se le prende la lamparita y cocina, ya es mucho. Quizás otro día te ayuda lavando los platos pero no esperes más de eso de mi bello Juan.

Nadie me ayuda. Pero, aún así me las arreglo. Tampoco quiero meterme en la onda que le pinta a las mujeres por separarse en cuarentena. Ya pasaron más de 60 días, pero aún así, al gordo lo amo. No podría dejarlo y, menos ahora en Cuarentena.

¡¿Qué clase de vil corazón abandona a alguien en medio de una Cuarentena?! Donde la angustia, la tristeza, el estrés, la desazón, la desesperanza, la ansiedad y la sensibilidad son moneda corriente ¿Qué diría Oscarsito si se enterara que su madre se quiere separar? De seguro, terminaré siendo la mala, pero prefiero ser la mala, cuando volvamos a la rutina que ahora en medio de una Pandemia.

…..

¿Qué raro, no? Pensar que  hace un año estaba así. Por suerte, ya me saqué de encima el cargo de esa casa. “Esa era mi vida”- repetía en voz alta. Eso pensaba cuando me tomaba unos minutos para relajarme cuando me daba un buen baño o simplemente me quedaba mirando al espejo para corregir las imperfecciones de mi rostro con cremas y más productos estéticos.

Hoy, vivo con mi vieja. Ya los dejé a ellos. Cada tanto lo veo a Oscarcito. Los primeros meses fueron difíciles. Juan no quería ni que lo viera ni me lo permitía hacer. Me había puesto una perimetral argumentando que yo era una violenta. ¿Adivinen a quien le creyeron? Y si, a él. Porque es hombre. A InJusticia Argentina es así ¿Qué le vamos a hacer?

En fin, ahora lo veo mucho a Oscarcito y eso me hace feliz. Lo que me entristece, es que sigo sirviendo. Ya no a mi hijo pero si a mi vieja. No será tan pesada como ellos pero bueno. Mi madre es bastante grande y necesita sus cuidados. Lo bueno es que ahora lo hago porque quiero.
Por lo menos tengo mucho más tiempo para mi, lo que me permitió volver a leer. Ahora  las palabras que uso me gustan mucho. Me “culturalicé”, como quien dice.

Oscarcito al menos tiene a su padre. Y Juan…Juan es un boludo grande que tiene que asumir la edad que tiene. Mirá, que su mamá me advirtió que era medio pelotudo, pero yo pensaba que me lo decía porque no me aceptaba, no me quería. Nada que ver. Me advertía. Parece que más boluda que él, era yo. Sí, la boluda era yo.

Pero, realmente, si me preguntan: “¿Que es lo que más deseas?” Yo respondería que lo que más quiero es que me sirvan. Ya me cansé de limpiar y hacer por otros. Quiero que otros lo hagan por mí.

Y, ¿me preguntás dónde estoy? La respuesta no te sorprenderá. Dandome un plácido baño mientras tomo una copa de vino y descanso después de largo día de trabajo atendiendo a mi madre pensando: ¿Por qué nadie me atiende a mi?

VICENTE ROCA


No hay comentarios:

Publicar un comentario