domingo, 31 de mayo de 2020

ERA MUY VIVO


En una realidad paralela a la nuestra, en un mundo similar al nuestro, en un país como este: “Argenterra”. En una ciudad idéntica a la nuestra, existió en algún tiempo, un hombre que se creía vivo. “Juan Pardo” se llamaba nuestro amigo.

Desde pequeño, este señor se dedicó a ventajear a sus compañeros de grado, en el colegio. Cuando le prestaban un lápiz para resolver un examen de matemáticas, el útil volvía cambiado. Sus inocentes amigos le daban un ejemplar nuevo, aunque cuando Juan lo devolvía, no era el mismo. Sino que era otro útil de escritura completamente igual, pero que adentro tenía toda la mina rota. Si ese nuevo lápiz perdía una sola vez la punta, no volvería a escribir nunca jamás.

Juan se creía más que el resto. Él hacía esforzarse a los demás para poder comer. Nunca trabajó. Mientras los otros se rompieran el lomo trabajando, él recibía los beneficios de tan arduo labor.

A medida que fue creciendo, su viveza no cambió. En la adolescencia, cuando juntaba figuritas para completar el álbum de moda, engañaba a sus compañeros al intercambiar imágenes que tenían un valor por otro.  Aseguraba tener una que nadie tenía y la cambiaba por miles, cuando su valor era el mínimo: sólo una.  Pero Juan conseguía convencer a sus amigos, porque por cada figurita que “el vivo” daba, recibía desde dos hasta diez pegatinas.

Cuando se hizo un poco más grande, continuaba igual. No tenía respeto ni por sus propios amigos de toda la vida. Siempre que alguna reunión había, él nunca pagaba. Las excusas eran el arma perfecta de Juan Pardo. No hay justificativo que valga. Decía cosas como: “No tengo efectivo encima”; “Esta  semana no tengo, pero la semana que viene cobro”; “¿Sabés que ando con deudas? Te la debo”. Pero el que debía siempre era él y que mejor que deberle a tus amigos. Para Juan, se traducían como deudas que nunca iba a tener que pagar.

Luego se hizo adulto, pero, su característica personalidad, no cambió en absoluto. Seguía siendo el mismo ventajero de siempre. Pero los suyos, sus amigos, sus familiares, la gente con la que se cruzaba, todavía confiaban en él. Tenía una chispa, algo, no sé. Pero él era un vivo ejemplar de que sí la tenía. No existe una justificación razonable. Sólo es que hay personas que gozan con esta cualidad para mentir, convencer y hacer que los otros sufran para el regocijo propio.

Sin embargo, no siempre tuvo la suerte de engañar a todos. Un día Juan terminó del otro lado del mostrador. Sufrió lo que tanto hizo padecer al resto de la sociedad. Un día conoció a Jorge Alarga: un taimado, ventajero, chanta y tan vivaracho que, en el rubro, Juan no le llegaba ni a los talones. De esas personas que uno no debe confiar en absoluto. Merecidamente, la suerte le jugó una mala pasada porque, esta información, no la conocía el “pobre Juan”.

De esta manera, fue como, mientras el señor Pardo pensaba que se había hecho de la amistad de un gran hombre y compañero, ocurría todo lo contrario. El encuentro se produjo cuando Juan caminaba por la calle y entró a una feria. Dentro de los puestos, había uno que se destacaba para la hábil mente de Juan, que esta vez lo estaba traicionando.

El puesto que dirigía Jorge era el más deslumbrante. Aunque simple. El señor Alarga vendía al público el truco de adivinar dónde se encontraba la pelotita blanca, entre los tres vasos que el “mago” iba mezclando.

Pero Jorge era astuto. Las primeras vueltas dejaba ganar al público, aunque el juego acomplejaba su dificultad, o al menos así, Alarga hacía. Al principio perdía apenas algunas monedas, pero las recuperaba con fangotes de billetes que se gastaba la gente. Algunos furiosos se arremetían contra él. Lo increíble es que Jorge se defendía con los policías de turno ¡Terrible chanta!

Juan quiso conocer al  “mago”. Entablaron amistad. Hicieron algunos negocios para beneficios de ambos. Les hicieron creer a mujeres ancianas que eran sus nietos con la necesidad de dinero aunque el objetivo era quitarles todos sus ahorros; pidieron muchos prestamos que pagaron con billetes que ellos mismos emitían, entre otras innumerables cantidad de delitos.

Sin embargo, un día Jorge le soltó la mano a Juan. Como dicen: “Si vos sos malo, seguro que hay alguien peor”. Eso le pasó a Pardo, quien resultó detenido, mientras Alarga se escapó sin dejar rastros.

Un día Juan y Jorge vendieron un objeto muy caro. Lo habían obtenido pagándolo muy barato. Él objeto eran unas piedras preciosas que un banda de delincuentes japoneses habían robado en el Museo Nacional de China. Se lo vendieron a los jóvenes J para sacárselas de encima y no despertar sospechas dentro de las autoridades asiáticas. Por muy poco dinero, Pardo y Alarga se hicieron con un objeto que valía tanto como el oro.

Los hombres de la historia vendieron las piedras preciosas a un coleccionista. Toda la transacción fue filmada por la cámara del café, en donde estaban sentados, cuando intercambiaron dinero por los objetos de lujo. El pago fue por $60.000.000, cuando las habían pagado originalmente por menos de 5.000.000. Ellos las compraron con plata en efectivo. El coleccionista se llevó las joyas por un grandísimo cheque.

Los J salieron del café en busca de un banco. El cheque lo atesoraba Juan, en su billetera, porque temía que Jorge se fuera corriendo con la importante suma. Sin embargo, luego de caminar dos calles fueron asaltados por un mal viviente. ¡No sólo le robaron las billeteras, sino también la ropa! Desdichados ambos taimados se separaron y cada uno siguió su camino. Juan para su casa y Jorge para la suya. Al entrar en su hogar, el último comenzó a reír y saltar en una pata diciendo a viva voz: “¡Dale campeón!”

Pasaron los días. Los jóvenes J ya no se hablaron. Juan llamó al celular de Jorge. Se había ido del país, estaba en el Caribe, disfrutando de la playa y de la plata que ambos habían conseguido. Para suerte de Jorge, estaba muy lejos de las autoridades. Cuando oyó las palabras, Juan soltó el teléfono sin atinar a decir sonido alguno o al menos a colgar. El móvil cayó al suelo, cuando nuestro personaje entendió que Alarga lo había engañado completamente.

Luego del llamado, se escuchó en la puerta del departamento de Juan Pardo: “Pum- pum- pum. Abra la puerta o la tiramos. Somos la Interpool. Señor Juan Pardo tiene un pedido de detención internacional. Debe entregarse, de inmediato, por el robo y la comercialización de las Piedras Preciosas del Museo de China”.

En ese momento, Juan descubrió que había terminado todo. La amistad con Jorge, la suerte, el ser él que siempre cae de pie y bien parado como los gatos. Juan pasó a ser uno más de todos los que Jorge había engañado.

VICENTE ROCA



PAREJA CORTA


Se despertó Tiene una necesidad. Se descarga una aplicación. Ve muchas personas. Selecciona. Discrimina. Elige a alguien. Se eligen. Se comparten redes sociales. Se conectan. Se conocen. Pegan onda. Se vuelven a encontrar. Se enlazan. Forman un vínculo. Se dicen te quiero, muy temprano, ni eran las 12. Se ilusionan. Se soñaron por mil. Ahora todo es diferente. Se mudaron juntos. Se amaron hasta el hartazgo. Se pelearon de más. Se cansaron por miles. La rutina los desgastó. Dejaron de hablarse todo el día. A distanciarse. Nunca hubo celos, pero fuego faltaba. Pensaron que volviendo a vivir, cada uno por su lado, estarían bien. Pensaron mal, como a veces pasa. Se separaron de hogar. Con el tiempo, se olvidaron del otro. Se empezaron a cansarse. Se dejaron de elegir. Cualquiera excusa era mejor que algún inesperado encuentro por los dos. La presencia del otro pasó a molestar. No se aguantaron más. Hasta que de todo se dijeron. Nada, menos que amor, todo. Se pidieron un tiempo. Se aislaron los dos. Ese “un tiempo” se hizo eterno. Para desgracia de los dos. Su amor fue hermoso. Pero era para los dos. No era el momento indicado para tan tierna pareja.  Pero a veces no es el vínculo y tampoco el espacio. Sino que el tiempo no acompaño.  Ella busca alguien. Él alguien busca. Alguien que la entienda. Alguien que lo comprenda. Son tan parecidos que ni estar juntos podían.

VICENTE ROCA

sábado, 30 de mayo de 2020

VIOLENCIA DE GENERO: HABLA EL DENUNCIADO( Cuento Ficticio)

MI CAMINO

(POR SEBASTIAN VILLA CANO)

Siempre seguí el ejemplo de mi familia. Desde que tengo uso de razón, entendí que  tomar decisiones en vano, y para mi propio beneficio, nunca me llevaría a buen puerto. Desde pequeño hacía todo lo que mi familia y mis hermanos mayores me indicaban. Sin quejas ni protesta. Nunca. Se me enseñó a decir: “Sí, papá”, a toda orden parental.

Mi papá me enseño que el golpe afirmaba mi conocimiento y, como yo era bastante desobediente, la “afirmación del conocimiento” era moneda diaria en mi vida, desde muy chico.

Mi madre sufría su parte. Ella se encontraba bajo la dominación constante de la autoridad y vigilancia del (como se hacía llamar) “El Hombre de la Casa”. Mi padre lo era en cierta manera. Este lugar, en ocasiones, era cedido a los hermanos mayores, aunque sea por unas horas.

Estas situaciones conflictivas de mi niñez también forjaron mi forma de ser y actuar ante la vida y frente a mis conflictos. Pero eso no las justifica ni las hace comprensibles. Sólo son ejemplos de mi camino. Para que vayas entendiendo.

De las calumnias e injurias que tengo que oír por los medios y de las cartas de documentos de la señorita Daniela no me interesa acotar nada en absoluto. Mucho menos me interesa saber de su escrito donde se hace la pobrecita y la victima. La verdad que me da pena. Usar nuestra relación, a su hija y dañar mi imagen para hacerse conocida. Me parece que muy bajo ha caído esta mujer.

Tendrá sus motivos, pero recuerda: ¿Quién vale 30 millones de dólares? ¿Ella  o yo?

La respuesta está en pensar utilizando el sentido común. Así se ve todo muy claro. Es obvio quién es la botinera, quien es el jugador, quien vale oro y quien no vale nada porque ensucia la vida de una familia, de una persona, de un futuro. Todo mancha. La persona que habla sin argumentos de alguien, no vale ¡Nada vale esa mujer! A quien yo le abrí mi casa, mi familia, mis amigos, mi todo.  Encima la dejé venirse a vivir conmigo. Y siempre se quejaba por algo.

Al principio se quejaba porque yo era muy cariñoso. Te juro que, es la primer vez que me pasa que me digan algo así. Yo, te digo la verdad, soy más frio que una cerveza recién sacada del freezer.

Bueno. Después se quejaba de que extrañaba a la hija. Entonces, le traje a la hija. Encima, que la nena me rompía cosas de la casa y me desordenaba todo no me dejaba retarla. Me destroza la casa y no podía decirle nada. Una vez me llegó a reprochar:

-“¡Vos no sos su padre como para retarla!”- me grito enfurecida, como si hubiera roto su posesión más preciada, y algo más que no llegué a oír porque me ahogue en pensar: “¿¡Quién se piensa qué es para gritarme así en mi casa?¡

Pero ese día no le dije nada. Me la aguante, como un verdadero hombre hace. Nunca le levanté la mano a una mujer. Nunca lo haría, no seguiría los ejemplos de mi padre. No son buenos. Los tuvo para que yo no los siga.

Confieso que en ocasiones los pensamientos me nublan y pienso cosas que no debo. A veces me alejo de los mandamientos del señor. Y bebo, también juego a las cartas, pero nunca iría a visitar a la profesión más antigua del mundo, como Daniela dice que hago. Pero, por suerte, puedo acobijarme en las misas por video llamada que empezó a dar hace pocos días el padre Petruzzi. Antes, estaba muy mal, muy estresado y nervioso. La angustia me deprime muchísimo. Por suerte, ahora estoy más relajado.

Pero estoy muy decepcionado con Daniela, como con su abogado ese tal Burlando, creo que se llama así. Con mi anterior pareja, no me sorprende, siempre dijo que le pegaba también. Yo, Sebastián Villa Cano, sé lo que hago y esa es otra mujer que no sabe lo que dice. Es una enferma psiquiátrica.

Por desgracia me han tocado horrendas compañías para pasar mis noches. Personas que no supieron estar a mi altura, aunque creyera que sí en un principio.

Con Boca es un tema aparte. Porque este año, con la llegada del nuevo presidente, pusieron una comisión de Género y de mi lado nunca se iban a posicionar. Lo fatídico de todo esto es que me encanta estar acá. Al argentino lo admiro muchísimo. Su pasión. Es única en el mundo entero ¿Por qué te pensás que no me fui a Europa todavía? La pasión es lo más lindo que tenemos aquí en Argentina.

Estoy decepcionado porque me sacaron de acá y me quieren mandar para Paraguay. Tendré que ir al Olimpia, sin desmerecer a nadie, es otro mundo. No es Boca. En Buenos Aires estaba mucho mejor. Veremos cómo será allá, espero poder volver pronto. Ya sé que no iré preso porque no es verdad lo que Daniela dice. Tarde o temprano se sabrá la verdad, yo podré volver a jugar al fútbol en tierra bostera y ella quedará olvidada para siempre.

Ella inventa. Vos le confías en cada palabra porque es mujer. No puedo creer como las amenazas de Daniela terminaron siendo verdad. Ella me amenazó que si no íbamos a buscar a su hija a lo del padre en Perú durante la Cuarentena y le daba 50 mil dólares para viajar, me denunciaría mediática, pública y legalmente.
De esta manera, cumplió con íntegramente cada parte de  todo lo prometió. Es todo una gran mentira lo que dice. Ella lo hace porque quiere hundirme y hacerse famosa porque no la conoce nadie. Siempre quiso hacerlo acosta mía. Buscar ser reconocida. Me decía que teníamos que volver  a Colombia para que yo fuera más conocido y ella poder ser mediática.

Reafirmo: nunca le levanté ni le levantaría el brazo a una bella mujer, o como sea, porque no hay mujeres feas. Todas son hermosas. Bellas en sus formas, colores y sabores. Y nunca podría golpear a alguna.
Me alegra saber que yo podré dormir con la conciencia tranquila y que el día que deje la tierra de los mortales me reuniré con Dios, que todo lo juzga desde el Paraíso, no permitirá el paso de arpías como Daniela. No sé como hará ella para dormir con la conciencia tranquila ¿Cómo hará para poder conciliar el sueño? ¡Pobre mujer! Aunque son problemas ajenos que no sé ni me interesa saber. Sólo quiero que no me fastidie. Jamás.

VICENTE ROCA



VIOLENCIA DE GENERO: HABLA LA DENUNCIANTE( Cuento Ficticio)

SIENDO FELIZ

(POR DANIELA CORTES)


Hace 3 años que era una mujer muy feliz. No sé qué me pasó. Bah sí, lo sé. Pero no fue mi culpa, sólo por ser mujer me toca esto. Porque no podés tener una hija, más de 30 años y listo. Parece que querer estar sin pareja es un delito capital. En seguida te quieren enganchar un novio.

Mis primos de Antioquia me presentaron a muchos de sus amigos. Pero, sólo uno, me llamó la atención entre tan diferentes y variados tipos de rostros que conocí, desde bellos hasta horrendos, desde atractivos hasta poco agradables. Solamente uno me sedujo con su mirada y su manera de hablar. Tenía una esencia tan angelical ¡Qué tonta que fui! ¿Cómo no me di cuenta antes?

Si no hubiera sido porque me dejé llevar por sus encantos, ahora no hubiera sufrido, como tanto padecí ¿Quién me manda a mí a engancharme con un tipo tan violento como este? Y claro, la misma sociedad. Porque si lo mirás a mi hermano, él no tiene pareja desde que dejó el secundario y nadie hace campaña para conseguirle novia, novio, novie… Bah, ya no sé ni qué le gusta.

Pero bueno. Yo me enganché con Sebastián. Hasta sonaba bien: Sebastián y Daniela (por cierto, así me llamo, jajajaja). Al principio era todo muy hermoso. Casi un sueño. Todo el día había amor, cariño, abrazos y besos por doquier. Parecíamos una dulcería por tanto pegote. A veces le tenía que decir:

-Sebas, ¿no será mucho tanto amor? Ya sé que nos amamos, pero a veces necesitamos un poco de espacio. Encima acá en Medellín, hace un calor increíble y vos todo el día encima. ¡No me voy a ir si un día te hacés el otro!- le decía combinando seriedad y risotadas. Lo amaba pero, poco a poco, el amor se fue desvaneciendo.

Hasta que un día, debo haberlo tratado mal. Porque todo dejó de ser como era. No entiendo. Parece se lo habré dicho de mala manera o no sé. Pero todo cambió.

En ese momento, ya convivíamos los tres: mi nena, él y yo. Primero comenzó con dejar de demostrarme cariño, salvo en los momentos en que realmente necesitaba mimos para convencerme de algo. Porque, si algo de malo tengo es que, el ego está bien alto: si vos me hacés doler, yo te voy a golpear donde más te duela.

Antes de que viviéramos los tres juntos era todo felicidad. Era puro amor, tan sólo eso. Era un hogar  alegre porque mi hija vivía con su padre. Pero cuando se vino a vivir con nosotros todo cambió. No era por ella. Lupita es una hermosa hija, pobre, como si ella tuviera la culpa. No entiendo porqué Sebastián cambió tanto. Parece que hubiera pasado del amor al odio, de un día para otro.

Si bien a Sebas nunca le gustaron ni los nenes ni las nenas tampoco para ponerse así. Creo que si tengo que marcar un antes y un después fue cuando, lo reprendí porque la retaba.

-¡Vos no sos su padre como para retarla! Ella ya tiene el suyo en Arequipa, está lejos pero está- le gritaba enfurecida cada vez que escuchaba, desde otra de las piezas de la casa, como él hacía las veces de educador/padre.

Estás peleas a Sebastián no le gustaban nada. Menos que una mujer le gritara en la casa. Desde el primer día que le levanté la voz, él comenzó a golpearme. No te voy a decir que la primera vez lo justifiqué, pero lo entendí.

Una mujer- que vaya casualidad resultaba ser su novia y, según él, el amor de su vida- le gritaba en su propia casa frente a sus empleados de limpieza. No debe ser para nada fácil de aceptar para un hombre. Menos para un hombre colombiano, desde pequeños nos enseñan que el hombre manda y la mujer obedece. Pero yo no nací para ser sumisa y golpeada.

Lo que no entiendo es porqué me lo aguanté tanto tiempo. Comenzó golpeándome de a poco. Luego fueron dos o tres veces por semana. Cuando lo contradecía, cuando le gritaba y cuando reprochaba. Siempre que yo le llevara la contra, él me golpeaba. Pensar que éramos tan felices ¿Tanto te va a molestar una nena de 10 años?

Así fueron mis días. Luego de un año de felicidad, llegaron dos años de maltratos y puros golpes.  En ese momento, las peleas se multiplicaron, a tal punto que eran todos los días.

Si bien no lo veía mucho porque se la pasaba entrenando, como el resto de los futbolistas, cuando llegaba se armaba el lío. Él volvía a las 7 de la tarde y otra vez se repetía la misma historia.

Con Insultos, berrinches y golpes terminaban mis días. Al finalizar la pelea diaria, Sebastián se iba de la casa. Nunca me decía dónde iba, aunque le insistía hasta el hartazgo. Pero volvía lleno de besos marcados en muchas partes del cuerpo y un aliento en la boca a aguardiente y cigarrillos mezclado con olor a transpiración y a ambiente cerrado, horrible. Tan horrendo como los amigos más feos que me presentaban mis primos.

Ahora estoy bien, ya pasaron 6 meses de esos fatídicos momentos que odié hasta el llanto. Gracias a mi psicóloga tomé la decisión de consultar un abogado y comenzar la denuncia. Gracias a Dios, junto con mi reclamo penal se sumó la anterior pareja de Sebastián y me bancó en mi denuncia. Así todo se hizo más fácil.

Él me golpeó en el orgullo y frente a mi hija, yo le hice doler mediáticamente, donde más le iba a doler y aún le pesa.

Ahora, el escuálido tendrá que irse a jugar a la pelotita a Paraguay. ¿Y yo? Yo me vuelvo a Colombia, cuando pase toda esta mierda de Pandemia. Lo que extraño a mi hija no tiene nombre. Por suerte, sé que está cuidada, bajo la protección de su padre, pero me gustaría que este conmigo y con mi familia en Colombia.


VICENTE ROCA

TENGO MIEDO

Tengo miedo a la desdicha
del hombre sin razón.
A la reserva y agonía 
de un buen corazón. 

Tengo miedo 
a tu estigmatización.
Cuando descubras,
que adentro, tengo un 
gran corazón.

Tengo miedo 
de que no me aceptes.
Que no me expreses, que no entiendas
a dónde quiero ir.

Tengo miedo 
que te enteres
que adentro 
llevo un fuerte porvenir.

Tengo miedo
a no ser el bueno
porque no entiendo
como es.

Tengo miedo 
que te enteres
de mi enfermedad terminal 
y no sepas 
como intervenir.

Tengo miedo 
que pienses
que es contagiosa
y te alejes 
de mi.

Tengo miedo 
que no me aproveches
porque tienes miedo
de lo que va a venir.

VICENTE ROCA

lunes, 18 de mayo de 2020

QUIERO QUE ME ATIENDAN


Y esta es mi historia, Señor, la sufrí de chiquita y todavía la sigo padeciendo. ¿Qué se le va a hacer? ¿No dicen que unos nacen pa´ estrellas y otros estrellados? Bueh... yo, ya ve: que nací pa´ lo segundo.

Es raro ver como algunas están destinadas al éxito, al glamour o al estrellato mientras a mí, me toca tener que limpiar los canzoncillos sucios de este mugriento que lo único que hace es comer, cagar y dormir. Aunque, al decir verda, la última de las acciones de la “c” se la viene olvidando por el cansancio del mismo cansancio. Porque antes por lo menos se escuda con que tenía que ir a laburar pero ahora ni eso hace. Con ese cuentito de la cuarentena por el coronavirus, no se mueve de acá “el Juan”.

Pero a mí con eso no me jodan. Podrán convencer a Juan pero a mí no querida. A mí que no me quieran vender ganso por libre. Si todos sabemos que esta nombrada pandemia fue hecha por los medios de comunicación y las empresas para que cuando mi Juan y todos los boludos vuelvan a trabajar lo hagan por chaucha y palitos. O como diría mi vieja: “por el sanguche y la coca, van estos negros”.

Bueno, volviendo a Juan, es infumable el gordo. Lo amo, lo quiero, todo, pero ¿todo el día señor Presidente? Un rato está bien. No es muy grande la casa como para que quepamos los dos juntos.

Encima está Oscarcito. Que cada día se vuelve un martirio. El nene está en la edad que pregunta todo. Todo. Sí, pregunta todo:

-¿Qué es eso? ¿Qué pasó allá? ¿Por qué pasó esto? ¿Y por qué no puedo salir? ¿Cómo sabemos que están todos bien?- pregunta Oscar en cualquier momento del día, a toda hora y una de atrás de la otra. Para colmo, no controla bien los volúmenes de la voz. Por la mañana, bien temprano, te despierta con un grito ensordecedor aunque, por la tarde, trate de comunicarse a los susurros desde una punta de la casa a la otra. Obvio que no es grande, pero tampoco para entendernos a los susurros.

En fin, Juan, Oscarcito y yo es una muchedumbre para que seamos tantos en esta hermosa casa, donde lo que sobra es corazón, pero lo que falta es espacio.

Decime vos cómo hago para tener todo limpio y ordenado, si me paso los días atrás del nene juntando todo el desastre que él deja. Para peor, Juan no da una mano con nada. Si un día se le prende la lamparita y cocina, ya es mucho. Quizás otro día te ayuda lavando los platos pero no esperes más de eso de mi bello Juan.

Nadie me ayuda. Pero, aún así me las arreglo. Tampoco quiero meterme en la onda que le pinta a las mujeres por separarse en cuarentena. Ya pasaron más de 60 días, pero aún así, al gordo lo amo. No podría dejarlo y, menos ahora en Cuarentena.

¡¿Qué clase de vil corazón abandona a alguien en medio de una Cuarentena?! Donde la angustia, la tristeza, el estrés, la desazón, la desesperanza, la ansiedad y la sensibilidad son moneda corriente ¿Qué diría Oscarsito si se enterara que su madre se quiere separar? De seguro, terminaré siendo la mala, pero prefiero ser la mala, cuando volvamos a la rutina que ahora en medio de una Pandemia.

…..

¿Qué raro, no? Pensar que  hace un año estaba así. Por suerte, ya me saqué de encima el cargo de esa casa. “Esa era mi vida”- repetía en voz alta. Eso pensaba cuando me tomaba unos minutos para relajarme cuando me daba un buen baño o simplemente me quedaba mirando al espejo para corregir las imperfecciones de mi rostro con cremas y más productos estéticos.

Hoy, vivo con mi vieja. Ya los dejé a ellos. Cada tanto lo veo a Oscarcito. Los primeros meses fueron difíciles. Juan no quería ni que lo viera ni me lo permitía hacer. Me había puesto una perimetral argumentando que yo era una violenta. ¿Adivinen a quien le creyeron? Y si, a él. Porque es hombre. A InJusticia Argentina es así ¿Qué le vamos a hacer?

En fin, ahora lo veo mucho a Oscarcito y eso me hace feliz. Lo que me entristece, es que sigo sirviendo. Ya no a mi hijo pero si a mi vieja. No será tan pesada como ellos pero bueno. Mi madre es bastante grande y necesita sus cuidados. Lo bueno es que ahora lo hago porque quiero.
Por lo menos tengo mucho más tiempo para mi, lo que me permitió volver a leer. Ahora  las palabras que uso me gustan mucho. Me “culturalicé”, como quien dice.

Oscarcito al menos tiene a su padre. Y Juan…Juan es un boludo grande que tiene que asumir la edad que tiene. Mirá, que su mamá me advirtió que era medio pelotudo, pero yo pensaba que me lo decía porque no me aceptaba, no me quería. Nada que ver. Me advertía. Parece que más boluda que él, era yo. Sí, la boluda era yo.

Pero, realmente, si me preguntan: “¿Que es lo que más deseas?” Yo respondería que lo que más quiero es que me sirvan. Ya me cansé de limpiar y hacer por otros. Quiero que otros lo hagan por mí.

Y, ¿me preguntás dónde estoy? La respuesta no te sorprenderá. Dandome un plácido baño mientras tomo una copa de vino y descanso después de largo día de trabajo atendiendo a mi madre pensando: ¿Por qué nadie me atiende a mi?

VICENTE ROCA


domingo, 17 de mayo de 2020

AHORA NO SE PUEDE


Estamos en una situación muy difícil. Nadie vivió esto ni sabe como atravesar este fenómeno. Salvo las personas que fueron contemporáneas al 1918. Quienes están muertos porque fue hace más de 100 años ¿Imposible preguntarles no? Durante ese año, el mundo entero se vio afectado por una pandemia conocida como gripe española, causada por el virus Influenza A del subtipo H1N1. Ese mismo año, la cuarentena evito que se sigan muriendo personas y eso, que durante ese año murieron 50 millones. Paralelamente, el gen H1N1es compartido por la mediatizada Gripe Porcina del 2009, vaya casualidad que también se hayan extendido las vacaciones para esa época.

En fin, estamos en Cuarentena por la Pandemia que afecta a todo el Mundo. Ya no se puede ir a trabajar, ni a estudiar, ni ver a los amigos ni a la pareja. Debido a que el Gobierno Nacional decretó el correcto aislamiento. Nos separamos de la gente externa a nuestro hogar, o de las personas que hasta ese momento no se encontraban compartiendo nuestro hogar por aquel, tan lejano, 19 de marzo. Hasta ese momento éramos felices sin darnos cuenta. Pensamos que esto iba a durar poco.

Pero, decime una cosa, vos, Juan Pérez ¿Por qué salís? Si sabés que no podemos hacerlo. ¿Para qué? Para ir a verte con esa flaca si no se puede salir. ¿Por qué te juntas con tus amigos si sos consciente de que no nos podemos reunir? Y claro, si a vos te enseñaron que había que ser desobediente para ser revolucionario ¡Pero no me vengas con boludeces, papá!

¿Estás podrido de tus viejos? ¿No aguantás más a tus hermanos? ¿Estás harto de tu familia? Y bueno, macho, báncatela. La familia no se elige. La cuarentena tampoco. Nadie elige estar lejos de las personas con las que decide pasar gran parte de las tardes de sus rutinas. En esas tardes fuimos felices. Haciendo y deshaciendo lo que nuestras condiciones nos permitían.

Si no tenés que trabajar, si en tu casa tus viejos laburan y no te exigen nada ¿Por qué lo hacés? ¿Por qué te exponés al contagio? Y ponele, el supuesto caso, que tenés Coronavirus, como hicieron algunos famosos ¿ Me vas a decir que salís porque total no te podés enfermar’ Ah, claro. Listo. Total. No podés contagiar a otros ¿No?

Loco, decime ¿vos sos de esa gente que tiene barbijo(o tapabocas, dependiendo del usuario) y los usas correctamente? ¿Tan difícil es? Sirve tanto para la boca como la nariz, porque sino no tiene ningún sentido usarlo. Por lo tanto, te tiene que permitir respirar. En fin, hay personas que andan con bufandas simulando una protección ¡No sirve para nada chabón! ¡Dejame de joder! Hay que cuidarse, che.

Otros van muy bien con su barbijo pero cuando tienen que hablar con alguien o, simplemente, enviar un mensaje de audio  se corren el barbijo ¿Posta man? ¿Me estás hablando en serio? ¿Es real lo que estoy viendo? Te juro. No te lo puedo creer. ¿Por qué no me escupís en la cara y de paso me pisas? No sé. Me parece que la estás pifiando.

Entiendo que querés salir.

Pero ahora NO SE PUEDE.



VICENTE ROCA

sábado, 9 de mayo de 2020

MALIGNO Y BENINGNO

            En el mundo humano existen muchos tipos de personas. Aunque para los libros de religión como para los de moral y ética hay solamente dos tipos de hombres y mujeres. Uno es bueno o es malo, es blanco o es negro. Para estos libros, o quizás para sus autores para ser más correcto, no existen medias tintas o ningún tipo de gris. Para ellos está todo muy polarizado: o estás del lado del bien o del lado del mal, como en las películas que nos hacían ver cuando eramos niños, como en Disney. Pero, justamente, la vida “real” no es como te la “pintan”.

            En los libros de ética y religión. Los individuos catalogados como “malos” son los que hacen todo mal. Se comportan de manera inadecuada, faltan a misa cada domingo (que dicho sea de paso, toman la misma actitud que cualquier sujeto no católico), son vagos y, además, estudian poco. Por otro lado, tampoco obedecen a las órdenes que sus padres les imponen en la juventud, ni tampoco, en edad adultas,  siguen lar normas establecidas tanto por las autoridades como por las leyes y normas que establece su sociedad.

            Estas personas “malditas” son exactamente las mismas que mienten y lastiman, las que hacen fraudes y estafan a terceros con el único proposito de beneficiarse con el sufrimiento ajeno.  Además, se aprovechan de toda circunstancia posible que, obviamente los deje como vencedores, claro. Son mal llamados vivos.

            Desde ya, los niños tampoco se escapan de estos seres del infierno. Son estos sujetos los que más los retan y reprenden por “portarse mal y no obedecer”.

            Son tan dañinos que hasta a ellos mismos les afecta su forma de ser. Porque no han logrado( ni lograrán) aprender acerca de los conocimientos de cultura general ni otras cuestiones de la vida esenciales para gozar de un buen pasar debido a que no les importa en absoluto nada más que su propia existencia.

            Por esta razón, que desde la religión, la ética y la moral como instituciones ligadas como el Estado, la Iglesia y las Fuerzas de Seguridad que recomiendan para que todo salga de manera correcta que es necesario ser una buena persona, un buen colega, un buen vecino y seguir al pie de la letra las indicaciones de parte de los padres y la sociedad porque si ellos son mayores algo más sabrán.

            Sin embargo, hay que tener en claro y, por supuesto, no olvidarlo nunca que en el mundo real, no hay blancos y negros. Existen también grises y las medias tintas¿, además, de que el la realidad no es tan justa como te la pinta tanto la sociedad y nuestros progenitores como los curas violadores que pregonan las normas de conductas desde una capilla o catedral.

VICENTE ROCA


sábado, 2 de mayo de 2020

¿Qué es la Cuarentena?

Es eso que nos separa, que nos divide, que nos aísla del resto de las personas. Pero, sin embargo, nos encuentra con unos sentimientos profundos. 

La CUARENTENA nos invita a compartir momentos, largos momentos, con la PARANOIA. Ellas son tan amigas ya que esta última potencia a la primera. Ellas no deben ir de la mano porque, realmente, son como los hermanos macana. 

Aunque cuando la noticia, de la reunión de tan buenas amigas, se hace publica llega el MIEDO tocando la puerta. "Yendo llegando"- anuncia desde afuera mientras se oye el "toc toc toc". Al entrar, el mismo relata: "Viene acompañado por una colega, espero que no moleste". 

Como las locales no presentan resistencia, entra despampanante la HIPOCONDRÍA, quien está amamantando a la INSEGURIDAD.

La joven tiene mucho para dar, mucho tiempo para quedarse. Permanecerá en nuestra compañia hasta que termine la función, o se quedará hasta que lo piense necesario.

Por abajo, ella esgrime una sonrisa y una risa cuasi muda porque si bien no se desprende del pecho de su madre ni tampoco emite una palabra, por carecer de la facultad del habla, bien sabe que esto no es sólo por un rato.


POR VICENTE ROCA