Durante los años 70 y los 80
en Latinoamérica se dieron sucesivos Golpes de Estado, cívico militares. Donde
el ejército salía a la calle derrocando gobiernos, cerrando parlamentos,
prohibiendo partidos políticos y asesinando y desapareciendo personas.
Hoy es bastante diferente.
El poder es mediático y judicial. Con su potestad, los medios imponen
presidentes tales como Añez en Bolivia, Piñera en Chile y Bolsonaro en Brasil.
Además, persiguen pero desde el poder judicial, siempre al beneficio de las
clases dominantes.
Los poderes judiciales son
la principal arma política fundamental para sacar del juego a Rafael Correa, a
Lula da Silva, a Cristina Fernández y Evo Morales, entre tantos. La estrategia
se llama Lawfare y está acompañada de un poder mediático incomparable.
Actualmente, el mundo se
encuentra azotado por el Coronavirus. La emergencia sanitaria se suma a la
crisis social y a la catástrofe económica, donde los más vulnerables son los
más perjudicados, mientras los gobiernos nacionales se deben enfrentar a graves
y masivas protestas.
Un ejemplo de ello es
Estados Unidos. Donde la pandemia hizo de conocimiento público que hay una
serie de falencias en su sistema sanitario. Esta situación llevó al país a ser
el más perjudicado con casi 2 millones de contagiados y más de 111.000 muertos,
según datos de la Universidad John Hopkins.
Pero eso no es todo. Más
allá de la crisis sanitaria, se ha sumado la crisis social desigual a raíz del
asesinato de George Floyd lo que ha revivido el fantasma del racismo. La
“guerra civil” norteamericana tuvo lugar a lo largo de la historia, pero la
estella de ese odio nunca se borró de la retina de los estadounidenses.
Trump debería tomar cartas
en el asunto y dar respuesta al reclamo para poder acabar con el poder y la
brutalidad policial, aunque no es lo mismo que sacar una ley y modificar la
situación. Porque el hecho data más de historia, tradición y discriminación
entre blancos y negros que una cuestión judicial.
Por otro lado, existe otro
fuerte foco de inestabilidad social, económica y política. Y está aún más cerca
de nosotros. Se trata de Brasil. El presidente Jair Bolsonaro está padeciendo
manifestaciones a favor y en contra en algunas ciudad de su territorio.
Brasilia, Rio de Janeiro y
San Pablo fueron algunas de las ciudades que se manifestaron con marchas de
miles de personas esta semana. Las mismas eran tanto a favor como en contra del
presidente. Aunque, cabe señalar que, sorpresivamente no hubo disturbios ni
hechos de violencia.
Parece indicar que es un
clima de tranquilidad, pero en el medio hay disputas políticas y con la
pandemia del coronavirus que sube día a día la cantidad de contagiados y
muertos.
En el caso de Brasilia, no
miles pero si cientos de personas se manifestaron en contra del presidente. La
misma reunió a más de 3 mil individuos y fue la mayor concentración de grupos
opositores realizada en la capital. Esta situación se completa luego de que
Brasil se acercara a las 36 mil muertes
por el COVID19. Colocando al país en el tercer puesto con más fallecimientos.
Esta protesta fue convocada
en conjunto por los movimientos antifascistas, en defensa de la sagrada
democracia y manifestantes independientes contra el racismo, en un fuerte
revanchismo por la muerte, como decíamos antes, en Estados Unidos de Floyd en
manos de policías blancos en Minneapolis.
Del otro lado, un grupo de ínfima
cantidad y que sale todos los fines de semana a realizar caminatas en defensa
del presidente vistiendo sus tradicionales camisetas de la selección brasilera
de fútbol, llevando consigo banderas de color verdiamarillo y, en esta ocasión
sorprendieron, con los símbolos de la monarquía. Cada día la situación de
Brasil genera más miedo.
En
ese sentido, Jair Bolsonaro salió a las afueras de la residencia oficial, el
Palacio de Alvorada, para saludar a partidarios que se acercaron hasta allí.
Desgraciadamente, el mandatario brasilero aún no comprende la necesidad del uso
de mascarilla, tapabocas o barbijo para la protección del coronavirus, como es
recomendados por las autoridades sanitarias mundiales.
VICENTE ROCA
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