Lorena Arce tiene una casa espaciosa con una habitación
oscura. La cual no limpia de manera urgente. Por eso la mujer, de alma tan
negra como el hollín, inventa excusas para que su hogar luzca elegante y
amistoso, para las visitas.
La viuda, que conserva su anillo de casamiento, limpia la
vereda que da a la calle... quiere escuchar a sus vecinas, quiere escuchar sus
chusmerios, porque su otro hombre ya no está. Entra a su casa, se mira al
espejo y exclama «¡Ya no está mi oso amoroso, ni mi mano izquierda¡»…
Un día triste de ceniza, terminó de querer; dentro de lo
estrecho que le parecía; su cabeza; incomoda en el horno, cuando su gigantesco
hogar se desbordaba en fuego, y calor.
AUTOR:VICENTE ROCA
EDITOR: IGNACIOVBP
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