LA INDIGNACIÓN DEL MEDIOCRE
Las
agujas corrían más rápido ese día, el despertador se había empecinado en no
sonar porque no le gustaba que en Spotify reproducir a ese maldito hippie de Adrian
Berra. La frazada, que se había caído
por culpa de mis sueños, generó que mi empezar con el pie derecho se postergue para
otro día, porque ese día no comencé con ninguno: caí de boca al suelo y encima
aún estaba dormido.
Al
estabilizarme, me levanté y me dirigí al baño. Era necesario lavarme la cara y
comenzar de una buena vez el día. Me enjaboné el rostro por completo, pero cuando
busqué la toalla de mano para poder secarme, ella brillaba por su ausencia.
Me
arreglé como pude y salí. Puse la pava a calentar y, sí, es la eléctrica. Pero
tranquilos, no se había cortado la luz ni a los forros de Edelap se les había
ocurrido jugar con los cables. Cómo si habían hecho durante el último clásico y
¡La yuta que los pario! De sólo pensarlo, ya me habían arruinado el día.
Al
tomar los mates, todo estuvo en su lugar. Tranquilo, me dispuse a leer las
noticias, que vaya casualidad, eran negativas, malas y fatales como cualquier
otro día, donde ningún animal fue rescatado ni salvó a ningún niño tras las
llamas de ningún incendio. No. Desgraciadamente eran todos aumentos: más alto los precios, más
caros los impuestos, más crecen los despidos…
Como
cada mañana, mi vieja pegada a la cocina tomando unos verdes, como así también,
mi viejo en el comedor, cada uno con su respectivo equipo matero. Una distancia
de menos de cinco metros los separaba, pero los unía una fanática ideología
partidaria que les brotaba de las venas y que generaba rechazo hasta en su propio
hijo, que siguió todos sus pasos desde que tenía uso de razón.
“A
estos corruptos yo no los voté, tiene que volver Cristina y los de Cambiemos tienen que ir todos a la carcel”, eran los discursos que se repetían una y otra vez
cuando los mates se hacían colectivos y las noticias eran nuevas y malas como
siempre “con este gobierno de mierda".
“Antes esto no pasaba”, les tiraba por abajo para no entrar en su tonto juego de la disputa por la razón. La política nunca me importó en absoluto.
“Antes esto no pasaba”, les tiraba por abajo para no entrar en su tonto juego de la disputa por la razón. La política nunca me importó en absoluto.
No
me interesaban las desgracias del país, porque los míos, mis amigos estaban e
iban a estar mejor que los que sufrían estas malas nuevas. Sólo tenía en cuenta
estos casos cuando la calle visibilizaba la realidad. Es imposible ser consciente
de la vida de algún otro, mientras la burbuja diaria te impide ver el
sufrimiento de otra situación diferente a la que vivimos todos los días.
Salí
de mi casa y me dirigí a la parada del micro ¡Quizás tendría suerte y me
toparía con el transporte! A veces pasa
que me toca no tener que esperar nada, como otras veces me ha tocado de tener
que esperar mucho tiempo. Siendo 45 minutos tiempo suficiente y necesario para
desistir, dejar el punto de ascenso y descenso del bondi para regresar a mi
casa a quejarme de lo mediocre que soy.
VICENTE ROCA
No hay comentarios:
Publicar un comentario