EL SENTIMIENTO QUE SURGE DESDE ADENTRO
Cuando somos chicos no nos
damos cuenta de que el tiempo pasa y nada vuelve. Las horas, los días y los
años van transcurriendo sin que seamos capaces de percatarnos que los minutos
pasan y dejan de ser para volverse recuerdo o, simplemente, olvido.
Como las tardes de mi
infancia que pasé en el barrio de Gonnet, de la ciudad de las diagonales, sin
interesarme, que justamente, estaba boludiando. No importaba que perdiera las
horas con algo que en el futuro poco me serviría.
Durante
toda la escolarización del primario no me gustaban ni me me movían un pelo
aquellas actividades vinculadas al hacer masculino. No me gustaban los deportes
tradicionales, solamente me entretenía jugando al famoso juego de educación
física, MataSapo.
Cuando todos se quejaban por desestimar el
Fútbol para esa clase, yo saltaba de alegría. Vicente Wills me decía el
profesor de Educación Física, porque resultaba ser el último en perder. Para esquivar era bueno pero con
muy poca puntería.
Además,
me pasaba tardes enteras en mi casa, la cual queda a muy pocas de la República
de los Niños, jugando a la Play Station, a veces solo, otras con mis amigos
viciosos por los jueguitos.
El hecho de que no me gustara ningún deporte,
me llevó a conocer otras actividades que me sacaban del aburrimiento. En una
época, donde se volvió tan rápido e inmediato toda la vida en sí, agradezco que
no me gustara ser como el resto, porque la lectura era parte de mis días, tanto
del embole de la tarde como de la soledad del insomnio de las noches.
En
un momento, me auto relegaba y me excluían. Al otro, cuando estábamos por
entrar al secundario, había impuesto la moda de leer libros por fuera de la
cuadricula escolar, simplemente por goce, muy raro para otros. Hasta el más erudito,
el de las mejores notas y, además, gran deportista, se esforzó, durante todas
las vacaciones de invierno, para leer los mismos libros que había leído yo,
pero de otra editorial.
“Mirá
estos libros de Narnia son más largos y los leí en menos tiempo que vos”, me
dijo una vez Leandro. Su competencia poco me importaba, es más, me generaba
mucho regocijo que alguien hiciera algo porque antes lo había hecho. Y, más
aún, porque fomentaba la literatura.
Esa
tarde, se fue gestando el escritor o periodista que hoy creo ser, aunque estoy
en proceso para ser un comunicador social de verdad. Ese día descubrí que lo
que me gustaba era incidir en el otro convencer. Con el correr de los años y
las sucesivas vacaciones leyendo sobre historia me dieron el puntapié para
interesarme por la política y la militancia.
A
lo largo del secundario, mi acercamiento al fútbol se fue dando de manera natural. Primero dejé de jugar al volley o al hockey
como lo hacía, cuando me alejaba de mis compañeros para estar con las chicas,
no porque me gustaran, sino porque con ellas me sentía más cómodo.
En
el año 2007, empecé a ver fútbol y a interesarme por él. Fue en parte porque el
equipo del que soy hincha hoy, Boca Juniors, salió campeón de la Copa
Libertadores en su casa( la última, hasta el momento) como también porque la
Selección Argentina había llegado a la
Final de la Copa América. ¿Será por eso que tanto odio futbolístico le tengo a
Gremio y a Brasil?
Pero
principalmente fue porque conocí una cancha. Tuve el gusto de hacer socio e ir
a ver a la cancha a un equipo del ascenso argentino. Se trataba de Huracán de
Parque Patricios. Mi mejor amigo era hijo del Manager del club y salíamos los
domingos, o también los sábados, total en esa época aún no había conocido la
noche platense y menos la de Capital.
Salíamos
en patota en el Kangoo verde clarito de Gonzalo, mi amigo y su hermano junto a
su padre y su tio, además, de Roberto, quien extraño en demasía por estar
privado de su libertad, y yo. Si bien eran cada quince días encuentro, los
esperaba todas las semanas. Era una de pocas y divertidas formas de alejarme un
poco de mi casa, ya que mis padres eran bastante poco permisivos.
Era
glorioso llegar al Estadio Tomás Adolfo Ducó vanagloriándonos por los escasos
puntos que en esa época lograba el equipo, precesor del mítico Huracán
sub-campeón de Miguel Angel Cappa. Pero lo más loca era hablar con el traidor
Larrivey, por teléfono luego del partido. Eso era poder.
Paradójicamente,
hoy en día mi apego por el fútbol es como el que siempre tuve por la
literatura. Estudio Periodismo Deportivo y disfruto de la locusión por los
relatos deportivos, tales como el de Victor Hugo sobre el gol de Maradona, el
de Closs con el gol de Román a Gremio por la Libertadores 2007 o el Fantino y la final del 2000 contra el Real
Madrid, y así podría nombrar tanto. Pero, la realidad es que esas “horas
perdidas” se transmiten como fanatismo al deporte y una proliferación de un
amor incondicional por Boca Juniors, de
tal manera que no puedo perderme 5 minutos de un partido.
VICENTE ROCA
No hay comentarios:
Publicar un comentario