Tu energía me disuelve. Tu indiferencia me hace otro. Tu distancia me conmueve. Tu cercanía ya es otra. El diluvio ya se siente. No es el que se siente cuando escucho las gotas revotar contra el pavimento y el pasillo de adoquinado de mi casa. Sino, más bien, es el tiempo y el espacio, lo que me agota. Los que nos agota. Lo que nos cansa. Lo que nos agobia.
La tristeza de no encontrarte donde fuimos felices se contrasta con la realidad de entender que el aislamiento nos desentendió. Sólo nos hizo pensar en uno y no en los dos. Penar en uno y no para el otro es que nos distanció. Es lo que nos apartó de sentirnos uno.
¿Cuándo dejamos de ser dos? Hace mucho... Ya todo terminó. Quizás tuvieras razón vos, quizás yo... La verdad es que eso ya no importa porque cuando uno debió ceder ninguno lo hizo. Cuando tenía que pensar en vos, sólo quise pensar en mi. El destino hizo trizas lo que pensábamos para los dos. El aislamiento nos distanció.
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